El actual cambio de paradigma observado en la atención del discapacitado, nos lleva a una concepción más humanizada y personalizada de la salud mental de este, en el cual la familia ocupa un lugar preponderante.

 

El individuo requiere de manera especial de su familia para obtener un avance en el aprendizaje que proporcione un mejor desarrollo físico y psicosocial posterior.

 

La familia se convierte en mediador no sólo de su desarrollo psicológico, sino también físico, social, espiritual y cultural. Ignorar esta dimensión psicológica relacional o dejarla al azar, puede conducir a un trastorno más profundo incidiendo en alteraciones del desarrollo o amplifica el hándicap neurológico. Por lo tanto los actores en la educación y cuidado de un individuo con discapacidad son: el individuo, los cuidadores y el equipo de educación. Siendo los dos últimos moduladores de su crecimiento y desarrollo a través de las interacciones que establecen. Se deben reconocer sus capacidades para el cuidado del individuo.